¿Por qué no terminas lo que empiezas? No es falta de fuerza de voluntad.
Seguramente te has dicho alguna vez que no terminas las cosas porque eres un poco vago, o demasiado perfeccionista, o porque te falta voluntad. Es la explicación cómoda, pero es errónea. Si te cuesta terminar las cosas no es un defecto de tu carácter, es que todo a tu alrededor está diseñado para que el esfuerzo parezca innecesario. Y eso, al contrario que tu carácter, sí se puede cambiar.
En este ensayo verás de dónde viene esa sensación de no terminar nada, y qué puedes hacer para revertirla.
LOS ORÍGENES
A nuestro modo de verlo, el auge en este sentimiento nace de la sincronización de diferentes hechos que influyen en nuestra vida diaria:
1. El estímulo cómodo constante.
El cerebro necesita estímulos, y tradicionalmente, cuando no existían las pantallas, no había realmente formas tan sedentarias de obtenerlos. Casi los únicos productos que conseguían generar la dopamina de una forma completamente sedentaria eran, en esencia, las drogas.
Actualmente estamos rodeados de tecnología, cada una con infinitas posibilidades, que nos produce densos subidones de dopamina sin tener que desplazarnos de la cama.
Antes era necesario acudir a «actividad real» para conseguir satisfacción a nivel biológico, hoy en día ya no. Esto se traduce en que cuesta más hacer algo, la satisfacción que vas a obtener le cuesta a tu cerebro mucha más energía que quedarse sentado con el móvil. Dado que el cerebro siempre buscará ahorrar energía, el acceso a entretenimiento masivo de todo tipo se convierte en una trampa para nuestras capacidades.
2. La poca resistencia actual a la frustración.
El realizar actividades genera frustración, las cosas saldrán mal, deberás rehacerlas, cambiar de plan, cambiar de objetivo, pedir ayuda…
Hoy en día, sin embargo, cualquier necesidad puede ser rápidamente atendida, pongamos algunos ejemplos:
- Tienes hambre: Puedes pedir delivery.
- Tienes que desplazarte: Puedes pedir un Uber.
- No sabes cómo hacer algo: Le preguntas a la IA.
- Te aburres: Ves un video de Youtube o una serie en Netflix.
- Incluso puedes engañar a tu cerebro con que determinadas necesidades íntimas sean parcialmente satisfechas a través de, por ejemplo, el contenido para adultos.
Esto ha empeorado muchísimo con la IA, que puede incluso llegar a suplir tus necesidades de interacción social si la usas de forma poco responsable.
Hoy en día tenemos una tolerancia a la frustración cotidiana casi mínima. Obviamente Netflix no reduce la frustración de una catástrofe o un accidente, esa frustración deberás tolerarla, pero lo que construye tus hábitos y tu personalidad no es algo puntual, sino la actividad cotidiana. Si de forma cotidiana no aguantas la frustración, no serás capaz de hacer nada.
3. El esfuerzo se ha externalizado y profesionalizado.
En el mundo en el que vivimos, cualquier cosa que quieras (un objeto, un servicio, una afición) ya la ha desarrollado una empresa que se ha especializado en ella, la ha perfeccionado, y mediante la economía de escala te la vende a un precio ridículo en comparación a las horas, dinero y esfuerzo que requeriría por tu parte.
Esto nos lleva a la consecuencia de que no parece haber un motivo físico para hacer algo por ti mismo, porque comprarlo por Amazon o en el centro comercial te costará menos tiempo, menos dinero, y probablemente el resultado sea mejor.
Pongamos un ejemplo:
Eres un trabajador normal, que entra a las 9 de la mañana a trabajar y sale a las 5 de la tarde, tienes 30 minutos de trayecto. Un día llegas a casa, a las 5:30, se te rompe un taburete.
A ti siempre te ha hecho ilusión empezar un proyecto de carpintería, así que una idea pasa por tu cabeza, «Voy a comprar madera y hacer uno yo con mis manos», la sola idea ya es gratificante, te imaginas cortando, martillando y aplicando barniz con suavidad. ¡Está decidido! Miras en internet las mejores opciones de madera, buscas consejos de carpintería para principiantes, y aunque puede ser un poco abrumador para ti, empiezas a pensar dentro de tu cabeza cómo lo quieres hacer: «Mañana al volver del trabajo paso por la ferretería».
Por la noche te tumbas en la cama, haces los cálculos: las herramientas y la madera te van a costar 20-40 euros en materiales, y comprar algunas herramientas que te hacen falta, alrededor de 30 euros más. Eso son unos 50 euros a gastarte, quieres hacerlo bien. Como no tienes experiencia necesitarás como mínimo 3-4 horas, y el resultado probablemente deje que desear, pero eso no es lo importante, es un proyecto que te apetece.
Al día siguiente te metes en Amazon para ver cuándo va a llegar un pedido, y en primer plano, como recomendados, te aparecen varios taburetes de madera, bonitos, de buena calidad y a un precio de 20 a 30 euros, por ahora no les haces caso pero la idea se ha quedado plantada en tu cabeza.
Cuando sales del trabajo vas de camino a la carpintería. Después de ver ese taburete por 23 euros, hacerlo tú empieza a dar pereza. De repente el proyecto pesa más: todo lo que hay que comprar, las horas, el resultado incierto…, «Puedo dedicar mi tiempo a algo mejor» te dices a ti mismo, «Puedo comprar el taburete, porque me hace falta ya, y más adelante hacer uno por mí mismo» te planteas.
Finalmente no llegas a la carpintería, has comprado el taburete de Amazon, te llega al día siguiente y es prácticamente perfecto. Lo dejas en su sitio, lo usas a diario, pasan meses y la idea de hacer tu uno va pasando por tu mente, pero te genera vergüenza, incomodidad, no quieres pensar en eso porque es otro recuerdo de que querías hacer algo y no lo hiciste. Finalmente te irás olvidando poco a poco pero tu cerebro recordará estos dos hechos:
- Amazon ha conseguido un ahorro de tiempo, energía y dinero para ti.
- El resultado de un esfuerzo y el resultado de un botón táctil es el mismo.
¿Qué ha ocurrido aquí?
En este ejemplo (cambia el taburete por aquello con lo que te haya ocurrido a ti) vemos cómo el esfuerzo por satisfacción se ha externalizado, el mercado cubre todas nuestras necesidades, los algoritmos las analizan y se aprovechan de ellas. Puedes tener ilusión por un proyecto, pero día a día, como todo está organizado para que consumas, se te va condicionando a que es mejor que lo haga otro, y tú solo pagues por ello.
4. La falta de organización.
La falta de organización no consiste en no ser suficientemente productivo, ni en sentarte una hora a planear cada paso de un proyecto por anticipado. Consiste en cómo concibe tu cerebro los proyectos: si los ve como un resultado que hay que alcanzar, o como una cadena de tareas y decisiones que te llevarán hasta él.
Con falta de organización nos referimos, esencialmente, a los esquemas mentales que te llevan a que tu cerebro, desde un primer momento conciba los proyectos como sucesiones de tareas enlazadas a un resultado, no a un resultado. Todo proyecto que se precie habrá de estar formado por como mínimo varias unidades de tareas, cada una con sus decisiones y micro decisiones, la falta de organización significa no poseer el proceso interno que te haga afrontarlo de esta manera, una tarea a la vez, una decisión a la vez.
Influenciado por el resto de los hechos explicados hasta ahora, es natural que nuestro cerebro conciba los proyectos como resultados a obtener y no como una serie de tareas y micro decisiones a tomar.
Obviamente nunca se ha de perder de vista el objetivo final, pero entender su consecución como la realización de una cadena de tareas, y la toma de una serie de decisiones acertadas provoca en el cerebro una sensación real de avance, lo que terminará por generar una respuesta positiva y una mayor disposición a realizar algo, por mucho esfuerzo que requiera.
Porque la realidad es esta: para avanzar en ese proyecto ahora mismo solo tienes que hacer una cosa. Y cuando la termines, saber cuál es la siguiente.
LA SOLUCIÓN
Como se puede observar, no se puede preparar una solución sencilla a este conjunto de problemas, no hay algo rápido y fácil que puedas hacer ya y te haga inmune a todo lo que hemos expuesto.
La solución es el trabajo diario, conviene atacar los 4 aspectos de forma simultánea, a modo de ejemplo planteamos técnicas que han servido para el desarrollo del launcher duqe y sé que han utilizado durante su producción, pero cada uno deberá adaptarlas a sus costumbres
1. Contra el estímulo cómodo y constante:
Como hemos indicado, el estímulo cómodo es navegar en redes sociales, consumir contenido audiovisual, o similares. Por ello, es adecuado que se implementen ciertas actividades que generen dicho estímulo, pero consiguiendo que:
- La recompensa final se otorgue tras unos días
- Tenga pequeñas recompensas paulatinas.
Algo que funciona bien es aprender a hacer el cubo de Rubik, esto es porque:
Primero: El cubo de Rubik es algo que todo el mundo conoce, y en la gente que no sabe hacerlo, casi con toda seguridad le genera, como mínimo, curiosidad. Y esa curiosidad es justo lo que necesitamos: el detonante que empuja el pequeño esfuerzo diario que requiere aprenderlo.
Segundo: No se puede aprender a hacer en un día, puedes intentarlo, pero el método para aprender se basa en ir entendiendo el cubo, automatizando movimientos y consiguiendo cada vez un paso más. Esto genera la necesidad de un pequeño esfuerzo diario.
Tercero: La resolución del cubo, con el método principiante, consiste en aplicar el algoritmo que toca según la posición de cada pieza en cada fase (la cruz blanca, las esquinas, la segunda cara…). Conforme vas aprendiendo cada paso ya recibes una pequeña satisfacción por una acción real.
Por tanto, a través de una actividad en principio atractiva estamos dando el primer paso para que recibir un estímulo requiera un mínimo de esfuerzo, lo que desacostumbra a nuestro cerebro al estímulo sin acción. Una vez has aprendido el cubo, puedes proponerte pequeños retos similares, o si te ha gustado la experiencia, adentrarte más en el mundo de los cubos, para seguir acostumbrando al cerebro a la necesidad de acción para la obtención de dopamina.
2. Contra la poca resistencia a la frustración.
Como hemos indicado, la posibilidad de suplir la mayoría de nuestras necesidades nos hace poco tolerantes a la frustración, siempre tenemos acceso a, en general, la resolución de cualquier necesidad. Por ello, para que el cerebro se desacostumbre debes ser capaz de ponerte en situaciones que te impidan el acceso a dichas necesidades.
Esto puede jugar en contra de nuestro instinto, por lo que no será tan sencillo como pueda parecer en un principio, hasta que tu cerebro se acostumbre, necesitarás un tiempo y una voluntad férrea.
Tenemos algunas propuestas que te pueden poner en esta situación, y que servirán para que se entienda el objetivo.
Primera propuesta: Deja el móvil en casa, vayas a donde vayas, en algún momento sentirás la necesidad de: Abrir una red social (porque te aburres), mirar Google Maps (porque no sabes llegar a un sitio) o abrir la cámara (porque te gustaría hacer una foto). Pero no puedes.
A la vez te estás desconectando de las aplicaciones de mensajería instantánea, no sabes si te ha respondido tu pareja, si tu madre te ha pedido que compres algo, o si te han respondido a tu delicado correo del trabajo. Esto te pone en una situación de desconocimiento, y no hay nada más frustrante que la incertidumbre.
Segunda propuesta: Ir andando a los sitios. No tiene que ser necesariamente caminar: Cuando vayas a un sitio lejano prescinde del taxi o el Uber y ve en transporte público, y cuando vayas a un sitio cercano prescinde también del transporte público. Lo ideal es que esto lo combines con no mirar Google Maps.
Te equivocarás de camino a veces, te cansarás, el bus llegará tarde, el metro se quedará parado por obras y cortarán líneas por manifestaciones. Todo ello sumado a la necesidad de orientarte e incluso preguntar a otros transeúntes te generará micro dosis de frustración a la que te irás acostumbrando.
Tercera propuesta: Prepara tu propia comida. Obviamente esto es muy genérico, hay gente que ya se hace la comida todos los días, y otra gente que no tiene tiempo para cocinar más que un día a la semana.
Por ello, la propuesta no es tanto que «prepares la comida» sino que te estés planteando retos en la cocina, es decir, quien se cocine todos los días podría salir de la comodidad y buscar recetas que nunca haya hecho y que le pongan a prueba, que no estén automatizadas. Y para quien no cocine a menudo probablemente ya le genere la frustración necesaria el hecho de tener dos fuegos encendidos, cosas que fregar, y harina por toda la encimera.
Estas 3 actividades cotidianas, tan sencillas pero tan olvidadas en nuestra sociedad, emiten micro dosis de frustración que va acostumbrando a tu cerebro, y te enseña que a veces las cosas no salen como querríamos, pero no pasa nada, forma parte de la vida.
3. Contra la externalización del esfuerzo.
El hecho de que sea más sencillo acudir al mercado, o a soluciones otorgadas por otros para conseguir cualquier objetivo es la tercera de las causas expuestas, y para luchar contra ello, lo mejor es generar algo por ti mismo (sea el desarrollo de una idea, la creación de algo físico, o la organización de un plan).
No tienes por qué convertirte en carpintero, basta con que sepas que hoy en día las cosas se pueden hacer por ti mismo, un ejemplo muy bueno es la impresión 3D.
Hoy en día una impresora 3D no alcanza los precios que podía alcanzar hace varios años, por ejemplo, la Creality Ender-3 V3 SE (con la cual imprimiremos los soportes que estamos diseñando en duqe) no llega a los 200 euros. Son una buena contramedida por los siguientes motivos:
Primer motivo: Son más complejas de lo que parece. Aunque pueda parecer que se trata de darle a un botón, necesitarás calibrarla, entenderla y hacer pruebas con los filamentos. Esto refuerza la idea de que cuando la usas estás creando algo. No ha sido solo darle a un botón, para una buena impresión debes comportarte de forma activa.
Segundo motivo: Crear tus propios diseños. Cuando diseñas algo que necesitabas, eres tú quien está imaginando, creando y dándole forma. Cuando lo imprimas, sentirás la satisfacción de que lo has creado tú, lo cual es cierto (aunque lo haya plasmado una máquina) porque la máquina no podría haberlo hecho sin tu diseño, tu cuidado y tu calibración.
Tercer motivo: No requiere ser especialmente mañoso. Empezar un proyecto manual puede frenar a la gente que se ha sentido tradicionalmente torpe (sé de amigos que nunca se adentrarían en el proyecto del taburete). Sin embargo, la impresora 3D te quita en gran medida las necesidades de ser hábil con tus manos.
Cuarto motivo: Producción propia en tu cerebro. El punto más importante, te acostumbra a la idea de que tú puedes hacer cosas, que no te hace falta un vendedor para todo. Cuando necesitas una percha te la haces, un soporte para la estantería, te lo haces, lo que en términos generales, ayuda con los esquemas mentales necesarios para tomar la iniciativa.
4. Contra la falta de organización.
Como decíamos, se trata de implementar los esquemas mentales para tratar los proyectos como una sucesión de tareas y decisiones que te llevan a un objetivo, en vez de verlo como el objetivo. No hace falta medir cada paso antes de empezar, basta con cambiar la forma de mirar.
Para esto, hay muchas opciones, pero cada uno deberá encontrar la que más se adecue a su personalidad, algunas son:
a) Reducir tus proyectos a la siguiente tarea. Cuando te planteas empezar algo nuevo, debes escribir la siguiente acción para avanzar en ello, cuando la realices, escribes la siguiente. Esto también hará el mismo efecto que el cubo de Rubik, cada tarea completada te acerca a un objetivo final, y te genera cierta satisfacción.
b) Implementar un sistema de organización diaria. Cuando cada mañana te levantas y lo primero que haces es plantear las cosas que vas a hacer a lo largo del día, estás trabajando por algo a largo plazo, estás reduciendo los días «una pequeña parte» del cómputo global que te lleva a objetivos a largo plazo.
c) Llevar un seguimiento de lo que haces en una agenda. Cuando en cualquier momento puedes revisar lo que hiciste para avanzar algo un día determinado, se refuerza la idea de continuidad, y de que las cosas se dividen en pequeños pasos y decisiones.
Este es sin duda uno de los puntos más complejos, pero también más funcionales, pues al atacar la falta de organización podrás observar que estás atacando también a los otros 3 problemas:
- Estímulo cómodo constante. La organización te genera el estímulo de sentirte productivo, cuando cumples tu plan del día, o cuando marcas un hábito como cumplido, quedas satisfecho, y estás recibiendo la recompensa por algo que te ha requerido una acción.
- Poca resistencia a la frustración. No hay ningún sistema de organización perfecto, y el tiempo es finito, querrás meter cosas de más en un día, o tareas de más en un proyecto. Pero ya hemos dicho que el tiempo no es infinito, igual que la cantidad de energía que podemos dedicar a cada cosa, lo que te provocará por ejemplo la necesidad de dejar de lado cosas que querrías hacer (ahora ya te pasa, pero como no eres directamente consciente no te genera una frustración tan tangible).
Otra fuente de pequeña frustración será no llegar a lo que querías hacer, cuando has planeado hacer esto y luego no lo consigues, por tiempo o por cualquier otro motivo.
- La externalización del esfuerzo. Ser organizado te lleva, inevitablemente, al compromiso contigo mismo, lo que facilita de forma enorme tu capacidad para realizar proyectos por ti mismo reduciendo la fricción mental. Volvamos al ejemplo del taburete.
Puede que finalmente hayas comprado el taburete por Amazon, pero es más probable que hagas uno por ti mismo si, al llegar a casa, te has sentado, has puesto por escrito tu siguiente tarea y has organizado los materiales necesarios, dónde comprarlos, y te has planteado un día para empezar.
El solo hecho de haberlo escrito, y de tenerlo a la vista, erradica de forma considerable las dudas del cerebro.
Conclusión
Como se puede observar, llevar en tu vida una organización razonable, combinándolo con una forma de vida más «natural», te ayudará a empezar, a mantener, y a terminar tus proyectos.
Sin embargo, no debemos confundir las afirmaciones ni la filosofía que promulgan con una voluntad de exprimir cada minuto de tu vida, ni de convertirte en una máquina de la productividad, que suele hacer más mal que bien tal y como diría Oliver Burkeman.
El objetivo es, en esencia, hacer las cosas que tienes que hacer, cuando las tienes que hacer, y que a través de unos hábitos determinados y un reentrenamiento de tu cerebro, alcances una vida más sana y satisfactoria, escapando tanto de la toxicidad provocada por nuestras costumbres tecnológicas, como de las filosofías que te incitan a ser siempre productivo, aspecto que desarrollaremos en el próximo blog.
Estas ideas, entre otras, son las que han dado nacimiento a duqe, nuestro launcher minimalista basado en métodos de organización y cuyo objeto es mejorar tu productividad sin convertirte en un esclavo, llevarte a conseguir tus metas.
Agradecer a los lectores que han llegado hasta el final, e invitaros a aplicar algunas de las propuestas. Desde nuestro punto de vista, aquellas más sencillas y que más rápidamente provocarán un clic en tu cabeza son el aprendizaje del cubo de Rubik, e intentar establecer un sistema de organización que te ayude con tu día a día.
