Launcher minimalista: por qué quitar iconos funciona, y por qué no basta
Una de las grandes victorias de los teléfonos móviles ha sido sustituir (en parte) a los relojes de muñeca. Así, las compañías que compiten por nuestra atención se aseguran de que revisemos el móvil cada poco tiempo, y el móvil actúa como una sofisticada trampa que, en cuanto lo miras, te muestra iconos con notificaciones, aplicaciones de colores que te ofrecen una dosis rápida de dopamina e incluso, en algunos fabricantes, publicidad en la propia interfaz. (El desbloqueo facial fue otra victoria, porque ya no te hace falta ni siquiera desbloquear el móvil conscientemente, lo sacas para mirar la hora, te reconoce la cara y ya estás de nuevo expuesto al mar de aplicaciones y distracciones.)
Como ya contamos en nuestro artículo anterior sobre qué es un launcher, la pantalla de inicio de tu móvil funciona como un distribuidor de atención y, al ser lo primero que ves, prepara la base de hacia dónde la vas a dirigir. Mucha gente coge el móvil para mirar la hora o para contestar un mensaje concreto y, veinte minutos después, está viendo un vídeo que no había buscado, sin recordar muy bien cómo ha llegado hasta allí.
Pronto aparecieron alternativas para evitar este sistema, y empezaron a salir los launchers minimalistas. La idea es buena, pero tiene un límite, y es que a mucha gente le funcionan unas semanas y luego van perdiendo su efecto.
Qué es un launcher minimalista
En Android, el launcher es la app que dibuja tu pantalla de inicio: los iconos, las carpetas, el cajón donde encuentras todas las aplicaciones… Viene uno de serie, pero se puede cambiar por otro fácilmente.
Un launcher minimalista es uno que hace la pantalla deliberadamente aburrida (o quizás no aburrida, sino más simple). Los hay de muchos estilos, por ejemplo, los que dejan solo una lista corta de nombres en texto sobre un fondo liso, algunos sin colores y otros muy cuidados visualmente, pero todos siguen la misma intuición que sería menos cosas a la vista, menos cosas que te llamen.
Por qué funcionan
Que funcionan, funcionan. Y no es solo una sensación: hay al menos tres razones bastante bien estudiadas.
La pantalla de inicio es un disparador
En 2016, Tristan Harris, que entonces trabajaba en Google estudiando cómo afecta la tecnología a nuestra atención, publicó un ensayo titulado How Technology Hijacks People’s Minds. Una de sus ideas más conocidas es que el móvil funciona como una máquina tragaperras: cada vez que lo desbloqueas no sabes qué te vas a encontrar (un mensaje, un «me gusta» o nada), y esa recompensa incierta es justo lo que hace que vuelvas a tirar de la palanca una y otra vez.
Si lo piensas, la pantalla de inicio es una cuadrícula llena de palancas. Cada icono de colores es una invitación, a veces con su globito rojo de notificaciones, colocada justo por donde pasas cada vez que coges el teléfono. Y no hace falta que tengas ganas de abrir Instagram. Basta con que esté ahí en el momento en que tu cabeza busca algo que hacer durante tres segundos (en la cola del súper, en el ascensor, mientras se carga otra cosa).
Un launcher minimalista quita las palancas de en medio y no te prohíbe nada, simplemente deja de ponértelas delante.
El color también tira de ti
Los iconos de las apps más adictivas no son de colores vivos por casualidad. Están diseñados para llamar la atención, y lo consiguen. Hay una pista bastante concreta de cuánto pesa esto: en un estudio publicado en 2020 en The Social Science Journal, Alex Holte y Richard Ferraro pidieron a un grupo de estudiantes universitarios que pusieran el móvil en escala de grises durante una semana, y su tiempo de pantalla bajó de media unos 38 minutos al día. Estudios posteriores han encontrado efectos en la misma dirección, aunque más modestos.
Muchos launchers minimalistas no llegan a quitar el color de todo el sistema (cuando abres una app, la ves como siempre), pero sí de lo que ves al desbloquear, que es justo el momento en el que decides qué vas a hacer con el móvil.
Un poco de fricción cambia mucho
La tercera razón es, para nosotros, la más interesante. En 2023, investigadores de la Universidad de Heidelberg y del Instituto Max Planck publicaron en la revista PNAS un estudio sobre one sec, una app que se interpone unos segundos cuando intentas abrir una aplicación que tú mismo has elegido vigilar, y te da la opción de no abrirla. No bloquea nada, solo te hace esperar un momento. Aun así, tras seis semanas, los 280 participantes abrían esas apps un 57 % menos (Grüning, Riedel y Lorenz-Spreen, 2023). Por honestidad, conviene saber que uno de los autores es el creador de la app, aunque el diseño del estudio está publicado y cualquiera puede revisarlo.
Lo más revelador vino de un segundo experimento de los mismos autores: lo que más influía no era el mensaje para reflexionar, sino tener delante la opción de no hacerlo y, en menor medida, la pequeña espera. Es decir, no hace falta una prohibición. Basta con un pequeño escalón y una salida a la vista.
Eso es, en el fondo, lo que hace un buen launcher minimalista. Cuando una app que antes estaba a un toque ahora tienes que buscarla, el gesto automático se convierte en una decisión, aunque sea pequeña. Y en ese pequeño momento, muchas veces, decides que no.
Por qué no basta
Aquí está el límite: un launcher minimalista es, sobre todo, una resta. Quita iconos, quita color, quita accesos y, por tanto, deja un hueco.
El gesto de desbloquear el móvil no depende solo de lo que hay en la pantalla, depende también de tus intenciones, por ejemplo, si es por aburrimiento, por evitar una tarea incómoda que no quieres empezar, por llenar un silencio en el ascensor o, simplemente, para mirar la hora. Quitar los iconos no hace desaparecer ninguna de esas razones. El aburrimiento sigue ahí, la tarea incómoda sigue sin hacerse y el silencio del ascensor sigue siendo igual de incómodo. Lo único que ha cambiado es que ahora, al desbloquear, no hay nada que lo rellene.
El cerebro se acostumbra a la fricción
Y el cerebro aprende rápido. La fricción funciona mientras buscar la app siga siendo una decisión, pero con el tiempo ese pequeño escalón también se vuelve automático. Al principio desbloqueas, ves la pantalla vacía y te paras un segundo a pensar qué estabas haciendo. Unas semanas después, el dedo ya va solo al buscador, escribe las tres primeras letras de Instagram de memoria y estás dentro antes de haberlo decidido. La fricción no ha desaparecido, simplemente te has acostumbrado a ella y forma parte del mismo gesto de siempre. Sigue siendo beneficioso no ver el mar de aplicaciones, pero el efecto se va diluyendo.
Esto ocurre porque el launcher sigue funcionando como un distribuidor de atención, aunque menos agresivo, hacia las aplicaciones que luchan por tu tiempo. Si solo quitas cosas, no estás cambiando hacia dónde va tu atención, solo le estás poniendo obstáculos por el camino. Y la atención se parece un poco al agua porque si le tapas una salida y no le abres otra, acaba encontrando la grieta más cercana.
Un hábito no se borra: se sustituye
Pasa algo parecido con cualquier hábito que intentas dejar. Si quieres comer menos dulce y te limitas a no comprarlo, aguantas unos días, pero a la semana estás bajando a por algo a la tienda de abajo. Lo que suele funcionar es tener otra cosa a mano en ese momento, por ejemplo, una fruta. Cuando te la comes se te quita el hambre igual, y además ganas algo, porque en vez de pelearte contra las ganas de dulce estás comiendo algo que te sienta bien.
Un hábito perjudicial no es fácil de dejar así sin más, normalmente se sustituye por otro, y funciona mucho mejor cuando el sustituto te aporta algo en lugar de limitarse a prohibirte lo anterior. Con el móvil ocurre lo mismo. El impulso de cogerlo va a seguir apareciendo varias veces al día, así que la pregunta útil no es solo cómo frenarlo, sino a dónde lo llevas cuando aparece.
Por eso lo necesario es darle al launcher algo hacia lo que dirigir la atención, pensando qué quieres hacer con tu tiempo y llevando la atención hacia ello, para que ese hueco se llene con lo que de verdad te importa. Y no tiene por qué ser trabajo. Puede ser esa llamada que llevas tres días aplazando, el libro que tienes a medias o acordarte de que hoy querías salir a correr. Lo importante es que, en esos segundos en los que tu cabeza busca algo que hacer, encuentre algo que hayas elegido tú y no algo que hayan elegido por ti.
¿Y un dumbphone?
Un dumbphone, por ejemplo, es el extremo de esta misma idea, y por eso genera un efecto parecido. Pero el hueco que deja es mucho mayor, porque te quita del todo la opción y las herramientas, en lugar de esconderlas tras la fricción. Y un hueco más grande, sin nada que lo llene, es también más difícil de sostener.
La pregunta que importa: ¿qué quieres ver al desbloquear?
Si el problema no es solo lo que hay en la pantalla, sino por qué la miras y cómo dirige tu atención, la pregunta cambia. Ya no se trata de cuántas apps quieres tener a la vista, sino de qué te gustaría encontrarte en esos segundos en los que tu cabeza busca algo que hacer.
Para casi todo el mundo, la respuesta honesta sería lo que tiene pendiente hoy, su agenda o lo que se había propuesto hacer. No es una cuestión de ser productivo todo el tiempo (no queremos ser esclavos de nosotros mismos), sino de saber lo que tienes que hacer y hacerlo cuando toca. Esa es la diferencia entre una pantalla de inicio que te quita cosas y una que te aporta.
Cómo lo resolvemos en duqe
duqe nace de ese problema. La primera idea era un launcher que redujera el tiempo de pantalla y te permitiera concentrarte con el modo foco. Sin embargo, durante el desarrollo nos topamos con el hueco del que hablamos arriba, y la app acabó siendo otra cosa. Queríamos un launcher que no te quitara funciones ni herramientas, sino que te las sumara, y que convirtiera el móvil en la herramienta que debería ser.
Por eso, en duqe, al desbloquear no ves una lista de apps, sino tu día, con tus tareas de hoy, tus eventos y lo que se te ha quedado pendiente. Las aplicaciones siguen ahí, en el cajón, pero solo las que tú decides añadir. Si quieres ver cómo funciona por dentro, te lo contamos en qué es un launcher y cómo lo cambia duqe.
Fuentes
- T. Harris (2016), «How Technology Hijacks People’s Minds — from a Magician and Google’s Design Ethicist», ensayo publicado en Medium y en tristanharris.com.
- A. J. Holte y F. R. Ferraro (2020), «True colors: Grayscale setting reduces screen time in college students», The Social Science Journal, 60(2), 274-290. doi:10.1080/03623319.2020.1737461
- D. J. Grüning, F. Riedel y P. Lorenz-Spreen (2023), «Directing smartphone use through the self-nudge app one sec», Proceedings of the National Academy of Sciences, 120(8), e2213114120. doi:10.1073/pnas.2213114120